El seminario titulado ‘Impactos del COVID 19 en las políticas de cuidado’ fue el número 11 del evento Serie de seminarios sobre respuestas de protección social al COVID-19el cual es parte de una iniciativa conjunta para sistematizar y compartir conocimiento sobre respuestas de protección social ante la crisis de COVID-19.

El seminario fue coorganizado por el Grupo de Trabajo sobre Género SPIAC-B y enfocado en discutir los impactos de la crisis actual del COVID-19 sobre el trabajo de cuidado, y el rol de las políticas de protección social para responder a estos impactos.

Rachel Moussié (WIEGO) y Debora Diniz (IPPF/WHR) presentaron su trabajo y reflexiones sobre el tema, junto con Valeria Esquivel (ILO) como oradora. El seminario fue moderado por Shahra Razavi (ILO).

 

Vea la grabación del seminario aquí y accese a la presentación aquí.

 

Este seminario también marcó el relanzamiento de la Comunidad Online de Protección Social de Respuesta al Género en socialprotection.org administrado por el Grupo de Trabajo sobre Género SPIAC-B. Esta comunidad online se enfoca en promover la colaboración entre protección social y profesionales de género, fomentar el diálogo de políticas informadas basadas en evidencias, coordinar nuestros esfuerzos para construir compromisos políticos para protección social de respuesta al género, y amplificar el impacto de nuestro trabajo. Las actividades planeadas para esta comunidad incluyen otros seminarioscontenido seleccionado sobre género y COVID-19 publicaciones con las últimas investigaciones sobre género y protección social.

Shahra Razavi comenzó el seminario destacando cómo la crisis actual, como otras crisis en el pasado, está mostrando los efectos devastadores de no tener los sistemas de protección social universal en su debido lugar. Además, la crisis está revelando una vez más las desigualdades estructurales existentes, con diferentes grupos afectados de forma diferente, dependiendo de la raza, género, clase y otros aspectos sociales. Los efectos de la crisis en la mujer, más específicamente, dependen de dónde ella se encuentre en el mercado laboral (por ejemplo, en cuál sector) así como de sus vínculos laborales (por ejemplo, trabajo formal vs informal).

En el contexto de la crisis actual es importante entender que la mayoría de los cuidadores son mujeres y tanto el trabajo de cuidado remunerado como el no remunerado involucra una interacción cara a cara, poniendo los cuidadores en un riesgo más alto. Al mismo, la pandemia ha llevado al incremento de la demanda de trabajo de cuidado remunerado y no remunerado.

Rachel Moussié enfocó su presentación en trabajadores domésticos, quienes son frecuentemente pasados por alto por quienes formulan las políticas. Sin embargo, los trabajadores domésticos proveen servicios esenciales, como cuidado de los ancianos y niños, permitiendo que otros adultos en casa realicen trabajo remunerado.

Es estimado que hay cerca de 70 millones de trabajadores domésticos en el mundo, del cual 70% son mujeres. Muchas de ellas sufren discriminación basada en género, raza clase y estado de migración. Además, en muchos países, los trabajadores domésticos no son reconocidos en los códigos laborales, lo cual tiene implicaciones en su acceso a la protección social.

Rachel discutió los impactos de la crisis actual en los trabajadores domésticos basada en los hallazgos de dos informes recientes, llamados ‘Los impactos del COVID-19 en trabajadores domésticos y Políticas de Respuestas’ de la Federación Internacional de Trabajadores del Hogar y la Evaluación Rápida de Impacto de las medidas de salud pública en hogares de trabajadores informales conducida por WIEGO.

Trabajadores domésticos son afectados por la crisis actual de tres formas diferentes:

1) Riesgos de ingresos: Muchos trabajadores domésticos está experimentando licencia sin pago y pérdida de empleo. Además, los cierres y toques de queda dificultan los viajes para trabajar. Trabajadores domésticos inmigrantes son particularmente afectados, pues han resultado sin empleo y encerrados en el país anfitrión.

2) Riesgos de salud: Los trabajadores domésticos están frecuentemente expuestos al Covid-19 a través de los empleadores y no tienen acceso a equipos de protección personal. Además, ellos están en un alto riesgo de violencia y abuso, lo cual es agravado por factores como género, clase y raza.

3) Trabajos de cuidado: Los trabajadores domésticos también están experimentando un incremento de trabajos de cuidado en sus propios hogares debido al cierre de escuelas y colegios.

Pasando a la cuestión de cómo los mecanismos de protección social pueden proteger esos trabajadores, Rachel apuntó a dos mecanismos principales, llamados beneficios de desempleo y transferencias de dinero contributivas. Ha habido algunos ejemplos de ampliación horizontal de seguros de desempleo, tales como en España y Sudáfrica. Sin embargo, estos planes generalmente solo llegan a una fracción de los trabajadores domésticos debido a su informalidad. Esto hace que las transferencias de dinero sean una medida importante para trabajadores domésticos y en todo el mundo ha habido muchos ejemplos de ampliación horizontal y vertical (ver la figura).

Sin embargo, muchos trabajadores domésticos permanecen excluidos, lo que en algunos casos tiene que ver con el hecho de que las mujeres tienen menos acceso a teléfonos y cuentas bancarias. Además, estas transferencias son generalmente por corto tiempo, resaltando la necesidad de ampliar estos beneficios más allá del período de cierre.

Finalmente, Rachel enfatizó en la necesidad de incluir los trabajadores domésticos como cuidadores en paquetes más amplios de recuperación económica pues muchos de ellos serán afectados por pérdidas permanentes de trabajo. Las respuestas necesitarán ir más allá de respuestas de protección social e incluir, entre otros, servicios públicos para cuidado de la niñez. Finalmente, hay una necesidad real de hacer que las voces de los trabajadores domésticos sean más escuchadas e incluirlos en estructuras de negociación colectiva.

 

Basada en los resultados de su investigación en la crisis del Zika en Brasil, Debora Diniz reflexionó sobre las desigualdades de género de nuestros cuerpos y si la crisis actual puede llevar potencialmente a una transformación feminista. Desde su punto de vista, el aumento en el número de respuestas de protección social y el entendimiento creciente de que la crisis está impactando desigualmente a la mujer, puede establecer la base para una potencial transformación feminista (ver la figura). Ambos factores no se presentaron en anteriores crisis de salud, tal como la crisis del Zika.

Debora comenzó por encarar algunas de las víctimas de la pandemia del COVID-19 en Brazil. Una de las primeras víctimas fue precisamente una trabajadora doméstica, cuyo nombre no es mencionado en los medios, convirtiéndola en un cuerpo anónimo. Otra víctima fue una niña de 2 años, que tenía síndrome de Zika congénito. El enfoque de los medios sobre la muerte de la niña fue más en la debilidad de su cuerpo que en ella misma como persona o en su madre. El modo en que ellos lo presentaron en los medios dice mucho sobre las desigualdades de género de nuestras entidades y cómo el virus está poniendo algunos de nosotros en más riesgo que otros.

Basada en su investigación sobre la crisis del Zika, Debora también destacó que las mujeres son siempre el centro de las crisis de salud debido a su rol como cuidadoras. Pero, aunque hubo lecciones aprendidas de la crisis del Zika, estas no fueron usadas, principalmente, porque el Zika no afectó a todos sino principalmente mujeres pobres del hemisferio sur. En términos de protección social, las respuestas a las mujeres afectadas por el Zika fueron muy limitadas y lejos de un enfoque basado en derechos.

Debora argumentó que hay una fuerte necesidad de poner a la mujer y sus necesidades básicas en el centro de las respuestas de la crisis de salud. En este sentido, las respuestas de protección social no solo deberían ser consideradas paliativas sino fundamentales para nuestra supervivencia. Además, esta será la clave para brindar acceso a otros servicios básicos, como transporte y agua, los cuales son esenciales para proveer cuidados, como lo mostró la experiencia con crisis del Zika. Si esto es considerado, hay lugar para creer en el potencial transformativo de género en la crisis actual del COVID-19.

Valeria Esquivel reflexionó sobre ambas presentaciones, basándose en hallazgos del Reporte de Cuidado de la ILO 2018. Como muestra el reporte, el trabajo de cuidado es una fuente significante de empleo. Esto incluye trabajadores domésticos pero también trabajadores de educación y salud. En total, hay cerca de 381 millones cuidadores de los cuales 249 millones son mujeres. Un análisis clúster de la fuerza de trabajo de cuidado en 99 países identificó ocho modelos particulares del empleo de cuidado y encontró dos fuentes principales de variación entre estos clústeres. Primero, la proporción de empleo en trabajo social y de salud, impulsado por la cobertura de los servicios de cuidado a largo plazo y de cuidado de la salud. En segundo lugar, la proporción de empleo en trabajo doméstico, la cual en muchos casos comprende un número desproporcionado de trabajadores domésticos inmigrantes. En los países del norte de Europa, por ejemplo, la fuerza de trabajo de cuidado representa casi 30% del empleo total (y 40% del de la mujer), mientras que para países en África, la fuerza de trabajo de cuidado llega a menos del 5% del empleo total.

Valeria destacó otros dos puntos importantes para la discusión del seminario. Primero, las investigaciones muestran que una alta presencia de trabajadores domésticos puede ser explicada por los altos niveles de desigualdad. En segundo lugar, los sistemas de salud en el Sur generalmente no cuentan con financiamiento, resultando en condiciones de trabajo más precarias, y poniendo la salud de los cuidadores en un riesgo mayor ante el virus.

Finalmente, Valeria presentó la estructura 5R (ver la figura) para trabajo de cuidado decente remunerado y no remunerado. La estructura está basada en la Triple R (Reconocer, Reducir y Redistribuir) con dos dimensiones adicionales, llamadas Retribución y Representación. La última se refiere a la necesidad de hacer más escuchadas las voces de los cuidadores, como también fue destacado en la presentación de Rachel.

El seminario concluyò con una enriquecedora sesión de preguntas y respuestas, accesible aquí.

Esta publicación hace parte de la Serie de seminarios sobre respuestas de protección social al COVID-19. La serie es un esfuerzo conjunto inicado por el IPC-IG, la GIZ en nombre del Ministro Federal Alemán de Cooperación y Desarrollo Económico (BMZ), y la colaboración del Departamento Australiano de Relaciones Exteriores y Comercio (DFAT) con la plataforma socialprotection.org, y en cooperación con los asociados de diferentes organizaciones.

Participe de nuestra comunidad online ''Respuestas de protección social al COVID-19 [Grupo de Trabajo]" para aprender más sobre la iniciativa y futuros seminarios.

 

Traducido del inglés por Cristián Garcia

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