El 21 de julio de 2021, el Centro Internacional de Políticas para el Crecimiento Inclusivo (IPC-IG), la Oficina de las Naciones Unidas para la Cooperación Sur-Sur (UNOSSC) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) reunió a expertos para analizar la relación entre las comidas escolares y la cooperación sur-sur durante y después de la crisis del COVID-19.

Expertos del Centro de Excelencia contra el Hambre Brasil del PMA, de los Servicios de Programas basados en las escuelas del PMA y del UNOSSC introdujeron herramientas y perspectivas organizativas prácticas. Los expertos del PMA explicaron cómo la organización está proveyendo asistencia técnica sur-sur durante la crisis del coronavirus. El director del UNOSSC aportó la perspectiva sobre cómo la cooperación sur-sur puede contribuir a la respuesta y preparación de seguridad alimentaria y nutricional a escala global.

La Oficina de País del PMA en Mozambique y altos cargos de los ministerios de educación de Colombia y Camboya aportaron sus experiencias concretas y saber hacer operacional cotidiano. Ilustraron lo que ha funcionado y cómo se han adaptado y han hecho que sus programas nacionales de alimentación escolar sean más resilientes, adaptables y receptivos. Los representantes de los países también debatieron sobre cómo la cooperación sur-sur puede contribuir a modernizar los programas afectados.

 

La grabación del webinario está disponible aquí y puede encontrar las presentaciones aquí. También puede descargar el resumen en formato pdf aquí.

 

 

¿Qué impacto ha tenido la crisis del COVID-19 en las vidas de los niños y niñas de edad escolar?

La pandemia del COVID-19 ha tenido un enorme impacto en los escolares. En el pico de la crisis a nivel global, entre abril y mayo de 2020, casi 1.600 millones de jóvenes en edad escolar se vieron afectados por el cierre de escuelas, que acontecieron en 190 países. Ello ha tenido implicaciones críticas para el aprendizaje, la salud y la nutrición de los estudiantes. Cerca de 370 millones de niños perdieron el acceso a las comidas escolares de las cuales dependen.

Para muchos niños y niñas en países pobres, perder las comidas escolares significa perder un salvavidas de salud y nutrición. Para muchos, especialmente para los 13 millones de niños que reciben alimentación escolar del PMA cada día, esta comida es a menudo la única que obtienen a lo largo del día. La falta de comida nutritiva puede desencadenar respuestas más débiles del sistema nervioso, lo cual hace a los niños más vulnerables frente a las enfermedades causadas por el virus del COVID-19. El PMA trabaja con gobiernos y socios, como el UNOSSC, para garantizar que los niños en edad escolar y sus familias continúan recibiendo apoyo que responda a sus requisitos de comida y nutricionales y para hacer disponible e intercambiar el conocimiento necesario para que el nivel local implemente y adapte ideas probadas.

Mientras que los gobiernos preparan sus respuestas de emergencia o planifican cómo reabrir las escuelas, el PMA puede apoyar los sistemas de educación nacional y basados en las escuelas que asisten a los niños y sus familias a través de programas de alimentación escolar y de salud. En Colombia, por ejemplo, el gobierno nacional ha actuado con rapidez en lo relativo al programa nacional de alimentación escolar. El la zona fronteriza con Venezuela, donde viven muchos refugiados, el PMA y el gobierno, en coordinación con las autoridades escolares locales, están distribuyendo raciones para llevar a casa a escolares y a sus padres. En Mozambique, que ya se vio afectado a causa de ciclones en 2019, el PMA también está proporcionando a los escolares raciones para llevar a casa, en lugar de comidas calientes. En Camboya, el PMA y el gobierno también distribuyen raciones para llevar a casa a más de 81.100 escolares y a 1.600 cocineros de las escuelas.

 

Cierre de las escuelas y adaptación de la alimentación escolar 

De acuerdo con el seguimiento global del PMA, 71 países a lo largo del mundo encontraron alternativas para continuar apoyando a sus niños con alimentación escolar, en respuesta a la emergencia masiva causada por el COVID-19. Los países de ingresos altos y medios-altos implementaron modalidades como asistencia a través de cupones de alimentos, entrega de paquetes de comida, bonos para el supermercado y transferencias de efectivo. Es el caso de los EEUU, el Reino Unido y muchos países europeos. Las naciones de ingresos medios y medios-bajos han priorizado la continuación de la alimentación escolar, particularmente en América Latina y el Caribe. La principal modalidad que emplearon fueron las raciones para llevar a casa, lo que significa que se envió a sus familias la comida que los niños consumirían de lo contrario en las escuelas. Las transferencias de efectivo y la distribución de alimentos en puntos de entrega fueron otras modalidades ampliamente extendidas.

En lo relativo al PMA, se adoptaron dos tipos de acción principales para apoyar a los países en su respuesta a la crisis. En el ámbito operacional, el PMA ha apoyado a los gobiernos de los países (en lo relativo a la entrega y la movilización de recursos) para poner en marcha alternativas y proporcionar comidas a niños de edad escolar durante la pandemia. El PMA y UNICEF unieron también fuerzas para liderar una coalición de socios y llegar a 10 millones de los niños más vulnerables del mundo con paquetes integrados de Salud y Nutrición Escolar.

En el ámbito corporativo, el sistema de la ONU se movilizó para producir une serie de notas orientativas para apoyar a los gobiernos en la búsqueda de alternativas para la implementación de la alimentación escolar. El PMA, UNICEF, la UNESCO, ACNUR y el Banco Mundial lanzaron recientemente un Marco para la reapertura de las escuelas. El PMA ha contribuido también a la publicación “Pandemia de COVID-19: Impacto en la educación y respuestas en material de políticas” del Banco Mundial y a dos informes de políticas liderados por la oficina del Secretario General de la ONU sobre el impacto del COVID-19 en los niños y en la seguridad alimentaria y nutricional. Son llamamientos a la acción para apoyar a los escolares, que se han visto afectados desproporcionadamente por la pandemia.

 

Mozambique

Mozambique es considerado como un lugar vulnerable a la inseguridad alimentaria debido a las sequías e inundaciones recurrentes que afectan a la producción, al conflicto interno y al desplazamiento en el norte, así como a los desafíos en la provisión de asistencia humanitaria. Esta situación se intensificó en 2019, cuando el país fue golpeado por dos ciclones mortíferos (Idai y Keneth) que produjeron numerosas pérdidas y el cierre de las escuelas debido a los daños de los desastres. En términos de provisión de alimentación escolar, existen numerosos desafíos que afrontar – un número muy bajo de escuelas primarias tiene acceso a agua limpia y cuartos de baño.

Mozambique implementa alimentación escolar en partenariado con el PMA desde 1977. El Programa Nacional de Alimentación Escolar (PRONAE) fue adoptado en 2013 como resultado de la cooperación sur-sur llevada a cabo con Brasil. Tras una fase piloto que probó las modalidades de adquisición locales, se previó la transferencia gradual de las operaciones del PRONAE del PMA al Ministerio de Educación, Directorado para la Salud Escolar.

Tras la aparición del COVID-19, en marzo de 2020, el gobierno de Mozambique cerró todas las escuelas en el país y las intervenciones de alimentación escolar sufrieron un parón. El PMA y el gobierno se adaptaron a este escenario usando raciones para llevar a casa para mantener la provisión de comida a los escolares. Esta es una modalidad que ya se había implementado con éxito tras el ciclón Idai, apoyando a 90.000 niños en 81 escuelas afectadas, lo que posibilitó además un incremento del 25% en la tasa de matriculaciones.

Para la crisis del COVID, las raciones para llevar a casa fueron implementadas en partenariado con las autoridades locales en la provincia de Tete, apoyando a 41.000 niños en 104 escuelas. Usando directrices y marcos desarrollados por el PMA y socios, la distribución de alimentos fue planeada y adaptada para evitar aglomeraciones y mantener las medidas de higiene adecuadas.

En la fase de predistribución, los alimentos fueron reempaquetados por el personal escolar y los vendedores locales, y se revisaron las listas de beneficiarios. Al planificar el contenido de las cestas, el PMA y el gobierno ajustaron las cantidades de alimentos para satisfacer las necesidades de las familias de los estudiantes.

En el día de la distribución se aplicaron medidas de higiene y distanciación social. Las familias recibieron bonos con franjas horarias para la recogida de los alimentos, se hicieron marcas en el suelo para que los cuidadores se posicionaran en ellas y se proporcionaron cubetas y jabón para el lavado de manos. Se aprovechoo  el momento de la distribución para sensibilizar a las comunidades en la prevención del COVID-19: se instalaron pancartas impresas y se distribuyeron folletos a los cuidadores.

Las adaptaciones realizadas con éxito en la alimentación escolar durante la pandemia de COVID-19 va a plantear importantes discusiones sobre políticas y tendrá importantes implicaciones para PRONAE en el futuro. En el corto plazo, PMA Mozambique subraya no solo los beneficios de los paquetes para llevar a casa en los contextos de crisis, sino también como los estudiantes cubiertos por el PRONAE podrían beneficiarse de la extensión del modelo.

 

Colombia

Colombia es un país con más de 100.000 municipalidades, de las cuales el 40% se encuentra en áreas rurales dispersas – donde vive uno de cada tres estudiantes cubiertos por el Programa de Alimentación Escolar (PAE). Las operaciones de alimentacion escolar están descentralizadas, con 96 entidades privadas certificadas que gestionan e implementan el programa nacional.

Después de que el COVID-19 golpeara, el gobierno se adaptó para mantener operativos todos los programas sociales de seguridad alimentaria. En lo concerniente al PAE, el primer desafío importante para el gobierno fue ajustar el marco legal de la alimentación escolar, lo cual se produjo con gran rapidez. El primer caso de COVID-19 fue identificado en Colombia el 7 de marzo y las escuelas cerraron el 16. Dado que las provisiones de alimentos no perecederos estaban almacenadas en las escuelas, el gobierno firmó un decreto el 17 de marzo para cambiar las normas del PAE con el fin de permitir la distribución de alimentos a los cuidadores de los escolares hasta el final de la crisis.

Las entidades implementadoras del PAE proporcionaron diferentes alternativas para garantizar la continuidad y adaptación de la alimentación escolar. La mayoría (88%) optó por las raciones pata llevar a casa: cestas de alimentos equivalentes a una comida por día para un mes. Las raciones industrializadas – con comida preparada para el consumo, entregada individualmente en envoltorio primario – fueron elegidas por el 21% de los implementadores. Finalmente, el 5% optó por bonos canjeables, una alternativa más urbana.

Las cestas se distribuyeron semanalmente, bisemanalmente o preferentemente con frecuencia mensual. Se implementó una programación estricta de las entregas para evitar las aglomeraciones, con estándares de calidad y seguridad, así como supervisión constante. Con cada cesta se entregaron recomendaciones de alimentación saludable, propuestas de menús e instrucciones para una higiene y preparación de comida adecuadas en casa. Hubo costes adicionales por estudiante, dado que la cobertura del PAE se garantizó también durante las cuatro semanas de vacaciones escolares.

Dada la escasez de algunos productos en los territorios, junto con el Ministerio de Agricultura, se crearon directorios de productores con el fin de compartir información con los operadores del PAE. Esta estrategia para conectar oferta y demanda permitió evitar la especulación con los precios de los alimentos y el incremento de los precios de algunos productos.

La autonomía territorial para cambiar las reglas y garantizar la distribución de alimentos de calidad fue esencial para el éxito de la adaptación de Colombia. Cada entidad territorial designó su propia ruta de entrega, distribución y protocolos que favorecieron la distanciación social.

 

Camboya

El gobierno de Camboya (GdC) ha implementado la alimentación escolar en cooperación con el PMA desde 1999. El programa camboyano funciona según tres modelos: transferencias de efectivo condicionales denominadas “becas de cuidados”, comidas escolares regulares servidas in situ y raciones para llevar a casa. Este último modelo está siendo convertido actualmente en becas de cuidados, que el gobierno nacional financia en su totalidad. Tanto el programa de comidas en la escuela como la infraestructura escolar y las actividades complementarias de salud escolar – tales como la eliminación de parásitos, la educación nutricional y los jardines escolares – son apoyados por el PMA y otros socios internacionales. En 2019 comenzó el proceso de cesión de la financiación de las comidas escolares al GdC, alcanzando ya un 90% de las actividades precedentemente financiadas por el PMA. El programa también está atravesando una transición hacia un enfoque de producción local, comprando alimentos a los productores locales. La alimentación escolar en Camboya ha incrementado considerablemente las tasas netas de admisión y promoción, contribuyendo asimismo a la disminución del abandono escolar.

El cierre de las escuelas se declaró en Camboya el 17 de marzo de 2020, con la implementación subsecuente de estrategias de aprendizaje a distancia. Para compensar la paralización de las comidas en las escuelas, se proporcionaron raciones de arroz para llevar a casa a las familias de niños de edad escolar. En el marco de este esquema, los estudiantes se han beneficiado cada uno de 10 kg de arroz – una cantidad equivalente al consumo de un mes – con un límite máximo de 20 kg por familia. Las cestas se distribuyeron a las familias de estudiantes con beca o beneficiarios de IDPoor, un programa de erradicación de la pobreza. Una serie de medidas de higiene y distanciación social adecuada fueron implementadas en los puntos de distribución, y el GdC desarrolló procedimientos de funcionamiento estándar especiales para la manipulacion, preparación y distribución de alimentos. También trabajaron con las escuelas para garantizar lugares adecuados para el lavado de manos. Finalmente, se incrementó el presupuesto nacional dirigido a programas de protección social – incluyendo las prestaciones por desempleo y la alimentación escolar.

 

¿Qué hemos aprendido y cómo avanzar?

Un balance de todas las presentaciones, especialmente las de líderes sobre el terreno, muestra que la flexibilidad es clave para responder a condiciones y medidas complejas y cambiantes con rapidez, incluido el trabajo con nuevos socios, la adaptabilidad y la capacidad de innovación en lo relativo a los mecanismos de provisión y entrega.

Una prioridad principal para todo es que tales respuestas no se conviertan en un foco de infección y de riesgo para las familias y el personal/voluntarios y los proveedores.

Algunas de las recomendaciones principales para los responsables gubernamentales de los niveles nacional y subnacional:

  • La rápida corrección o adaptación tanto de la legislación como de los procedimientos operativos estándar de los programas regulares para las respuestas de emergencia, con el fin de que las necesidades básicas de los niños y de sus familias puedan satisfacerse en unos plazos razonables.
  • En territorios grandes y en áreas con población dispersa, los sistemas descentralizados y la autonomía regional para la adaptación a situaciones específicas d cada contexto pueden facilitar la toma de medidas inmediatas y apropiadas para cada situación.
  • Los modelos empleados para el PMA y las situaciones de emergencia civil pueden ser una herramienta válida y proveer alternativas efectivas también en el medio plazo en países donde persisten los efectos de crisis previas (Mozambique, afectado por desastres naturales, por ejemplo);
  • El diseño y negociación con los actores locales de los sistemas de conexión entre oferta y demanda pueden contribuir a evitar la especulación, la falta de acceso y el incremento de los precios de los alimentos en tiempos de crisis.
  • Un presupuesto de crisis puede ser una opción institucional para movilizar recursos extra para adaptar los programas, o para adaptar los métodos de entrega, servir a las familias de los estudiantes en tiempos de crisis.

 

El webinario finalizó con una interesante sesión de preguntas y respuestas a la que pueden acceder aquí.

 

Esta publicación de blog es parte de la serie de webinarios sobre respuestas de protección social al COVID-19. Esta serie es un esfuerzo compartido iniciado por el IPC-IG, GIZ en representación del Ministerio Federal alemán de Desarrollo Económico y Cooperación (BMZ), y Departamento de Asuntos Exteriores y Comercio (DFAT) del Gobierno de Australia en colaboración con la plataforma socialprotection.org y en cooperación con socios de diferentes organizaciones.

Únase a nuestra comunidad en línea “Respuestas de protección social al COVID-19 [Grupo de Trabajo]” para saber más sobre la iniciativa y sobre futuros webinarios.

Traducido del inglés poBorja Arrue Astrain

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